El vídeo: el problema era la nómina, no las aulas Un usuario sostiene que el vídeo no criticaba la formación universitaria, sino los bajos sueldos que empujan a los licenciados españoles a emigrar
El mito de la «formación española» se cae al cruzar la frontera
Un médico español que ejerce en Alemania ha puesto el dedo en la llaga con un vídeo en el que viene a decir que eso de
salimos muy bien formados
es, en buena parte, relato. Su tesis no es que seamos malos: es que el mercado español paga tan poco por un título que aquí se presume de élite que la gente acaba cruzando la frontera para cobrar lo que cree que merece.
La afirmación que ha reabierto la polémica es sencilla y bastante incómoda: la calidad del sistema universitario español está por debajo de su reputación, y el que se va no siempre lo hace por aventura. Detrás aparecen dos argumentos que se repiten hasta el cansancio: que el título se ha devaluado desde Bolonia y que las empresas de fuera no buscan talento, buscan mano de obra dispuesta a hacer lo que nadie quiere.
Qué ha cambiado el plan Bolonia en la universidad española
El primer frente es el formativo. Durante décadas, terminar una ingeniería en cinco o siete años funcionaba como un filtro duro y como una garantía: quien lo conseguía había demostrado una capacidad que luego se traducía en un buen profesional. Ese pacto se habría roto con los grados de cuatro años. Hay quien sostiene que ahora salen egresados con un 7 de media que, en según qué casos, no valen ni para dar soporte informático.
La acusación de fondo es que el título español se ha convertido en un ejercicio de
memorieta
, aprobado general y rellenar tests. Se llega a decir que salen alrededor de
200.000 graduados al año
y que la mitad no sabría resolver un caso real sin el temario delante. Es una exageración de sobremesa, probablemente, pero apunta a algo que muchos empleadores confirman en privado: el papel acredita menos de lo que promete.
El ranking de Shanghai y el puesto 350
Para sostener esa sospecha se recurre a las comparaciones internacionales. En el
Shanghai world ranking
de las mejores universidades del mundo, las españolas figuran a partir del
puesto 350 y pico
, y entre las públicas que se citan aparece una de Barcelona. El argumento que acompaña al dato es que existe una propaganda del «somos los mejores» que no resiste el primer cruce de frontera.
La objeción tiene su propia réplica: los premios y los rankings no son una medida neutral. Se recuerda que China es hoy el país que más patentes registra al año y no acumula Nobel al mismo ritmo, lo que sugeriría que los galardones responden también a otras lógicas. El ranking mide algo, pero no mide todo.

