Vivienda: presión demográfica o grandes tenedores Echar a ocho millones de personas abarataría el alquiler unos meses. El problema de la vivienda suma presión demográfica, grandes tenedores y turismo.
Más población encarece el alquiler, pero no lo explica todo
La vivienda no se abarata y cada año entra más gente de la que sale del parque disponible. De ahí arranca una discusión que lleva tiempo girando sobre la misma pregunta: ¿sobran inquilinos o faltan pisos? Hay quien sostiene que el precio solo cedería con una crisis lo bastante brutal como para vaciar el mercado —embargos, desempleo masivo, salidas del país—, y hay quien responde que construir más nunca ha bajado los precios y que el problema real es quién acapara lo ya construido. Lo que apenas se discute es el punto de partida: la presión demográfica sobre el
precio de la vivienda
es real y va a más.
¿Por qué sube el alquiler si se construye más que nunca?
El argumento más repetido contra la solución fácil es histórico. Durante el
boom
de los años 2000 España levantó más viviendas que varios países europeos juntos, y el resultado no fue un abaratamiento: fue una burbuja. De aquella experiencia sale la idea de que la oferta, por sí sola, no compite contra la especulación. Si el suelo, las licencias y el crédito se comportan como un cuello de botella, y el stock construido acaba en manos de quien no lo habita, dos millones de viviendas nuevas se las come el mismo mercado en pocos años.
La analogía que más se usa es la de las carreteras: se amplía la vía, baja la congestión, más gente se anima a coger el coche y el atasco vuelve. Trasladado a la vivienda, la obra nueva bajaría el precio lo justo para atraer más demanda y el equilibrio se recompondría en el mismo punto. El término que se emplea para describirlo es
dumping
habitacional: el mercado se acomoda a rentas que se pagan entre
cuatro y cinco sueldos
, y quien no llega a ese umbral —una pareja joven, por ejemplo— queda fuera aunque los dos trabajen. Construir es, para esta corriente, una
patada adelante
El factor demográfico: medio millón de entradas al año
Las cifras que maneja la parte más demográfica del análisis son de flujo, no de stock. Se habla de un mínimo de
500.000 entradas anuales
, de más de 2,7 millones de residentes añadidos desde que el actual Ejecutivo llegó al Gobierno y de un aumento de perceptores de prestaciones cifrado en 600.000 al año. Son estimaciones internas del propio debate, sin desglose oficial, y ahí está la primera grieta: no todas las entradas presionan el alquiler igual.
El reparto por origen que más se repite sitúa el grueso en América y Europa, con un peso menor del continente africano —en torno al

